Hace más de 3,000 años, en las tierras bajas de Mesoamérica, la gente ya jugaba con una pelota de hule. Los mayas llevaron esa tradición a su máxima expresión: el juego de pelota maya fue deporte, ceremonia política y representación del cosmos al mismo tiempo.
Una de las canchas más antiguas conocidas está en Paso de la Amada, en la costa de Chiapas, con una antigüedad cercana al 1600 a. C.
Orígenes antiguos del juego de pelota
El juego es anterior a los mayas clásicos. Paso de la Amada, en la costa de Chiapas, conserva una de las canchas más antiguas que se conocen, que se remonta a cerca del 1600 a. C. Las pelotas de hule, hechas con látex de árbol mezclado con savia de enredadera, muestran el dominio temprano de esta tecnología.
Cómo se jugaba
Dos equipos mantenían una pelota pesada en movimiento sin usar manos ni pies, golpeándola con caderas, muslos y antebrazos. Los jugadores usaban protectores de cuero, madera y fibras, como el yugo en la cintura, y a veces rodilleras y guantes.
Las canchas tenían forma de "I", con un callejón central y muros inclinados o verticales, y algunas contaban con anillos de piedra. La de Chichén Itzá, de unos 168 metros de largo, es la más grande de Mesoamérica.
Jesús Gordillo, guía certificado por SECTUR en Palenque, ofrece recorrido arqueológico, senderismo interpretativo y recorrido combinado.
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Mucho más que un juego: el Popol Vuh y el cosmos
En el Popol Vuh, los gemelos Hunahpú y Xbalanqué descienden a Xibalbá, el inframundo, para desafiar a sus señores en una partida de pelota. Tras vencerlos, renacen como el Sol y la Luna. La cancha era entonces un portal entre mundos, y el balón en movimiento evocaba el recorrido de los astros.
El juego de pelota como poder político
Por eso el juego tenía un papel político. Los gobernantes se retrataban como jugadores, y los partidos podían sellar alianzas, escenificar victorias sobre rivales o acompañar rituales de legitimación. Sitios como Toniná, Yaxchilán, Copán y Chichén Itzá conservan relieves y marcadores que lo muestran.
¿Sacrificio humano? Un debate abierto
Es el aspecto más debatido. Algunos relieves, como los de Chichén Itzá, parecen mostrar la decapitación de un jugador, y varias fuentes sugieren que en ciertos contextos los cautivos participaban en partidos rituales con desenlace fatal. Sin embargo, no todos los juegos terminaban así: muchos eran competencias deportivas y festivas, y los investigadores siguen discutiendo cuándo, cómo y quiénes eran sacrificados.
No todos los partidos eran rituales ni terminaban en sacrificio: el juego tuvo también un fuerte componente deportivo y festivo.
Un legado vivo: el ulama
El juego sobrevive hoy como ulama, practicado en Sinaloa, y ha sido reconstruido con fines culturales y turísticos en distintos sitios. Es un recordatorio de que, para los mayas, jugar era también una forma de pensar el mundo.
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