Durante décadas, el Templo de las Inscripciones en Palenque acaparó toda la atención gracias a la tumba del gran Pakal. Sin embargo, en 1994, el Templo XIII (justo al lado) reveló un secreto que dejaría al mundo arqueológico sin aliento.
Al levantar la pesada losa de un sarcófago monolítico, los investigadores no encontraron los restos de un guerrero, sino el esqueleto de una mujer noble cubierto de pies a cabeza por un intenso polvo rojo: el cinabrio.
El misterio del color rojo
¿Por qué cubrir un cuerpo con este mineral? Para los antiguos mayas, el color rojo simbolizaba la sangre, la energía vital y el renacimiento. El cinabrio (sulfuro de mercurio) funcionaba como un conservador, pero sobre todo, como un pasaporte ritual hacia el inframundo.
Acompañada por un impresionante ajuar de más de 1,000 piezas de jade, perlas y conchas, esta mujer fue enterrada con honores que solo se le otorgaban a los más altos dignatarios.
Identidad revelada: De la leyenda a la ciencia
Por años se especuló si era una gobernante por derecho propio o la madre de Pakal. Sin embargo, gracias a estudios de ADN y análisis de dentadura, hoy sabemos que:
- No era de Palenque: Se cree que era originaria de una ciudad aliada (posiblemente Tortuguero).
- Su identidad: Fue Tz'akbu Ajaw, la esposa de Pakal "el Grande".
- Su legado: Madre de dos futuros gobernantes de Palenque, su papel fue vital para consolidar el linaje de la ciudad.
¿Cómo visitarla hoy?
Si visitas la zona arqueológica de Palenque, el Templo XIII es una parada obligatoria. Aunque los restos originales han sido resguardados para su conservación, la atmósfera de su cámara funeraria sigue vibrando con la misma energía mística de hace más de 1,300 años.




